jueves, 7 de enero de 2010

Cuerpos de alguien




Pocas cosas son más importantes para el Capitalismo que la reproducción de los cuerpos. No sólo “metafóricamente” hablando (por ejemplo, generar estereotipos para propiciar el consumismo) sino la reproducción literal, que haya niños, niñas y niñxs por doquier, garantizando la reproducción de la fuerza de trabajo.
Podemos pensar que, o los adolescentes son los mejores discípulos de esta premisa capitalista, o simplemente su ignorancia es lo mejor que le pudo haber pasado a nuestro tan gastado, pero cada vez más fuerte, sistemita... Un estudio reciente indica que el 80% de los chic@s en su iniciación sexual no usa métodos de anticoncepción, y menos el preservativo, el más seguro por evitar el contagio de cualquier honguito hasta las enfermedades más graves de transmisión sexual.
La ley de educación sexual fue sancionada en 2006 y aunque hubo grandes avances en la dicción de estas clases, no es suficiente aparentemente para llegar a los jóvenes (y no tan jóvenes) que aún parecieran no conocer los riesgos físicos (de – la mal definida- salud física, tomando lo físico de la mano de lo psíquico porque el marco teórico que seguimos los reconoce como un todo). Todo lo que marca nuestro cuerpo, está marcando en ese mismo acto, nuestra mente, pues son uno.
Volviendo a la teoría de que el capitalismo es el sistema más fuerte de todos ya que sus crisis lo reformulan y parece nunca acabar, creo que tal vez, esta crisis social de instrucción sexual es la mejor forma del capitalismo para mantener marginados y excluidos a los jóvenes de su (verdadera) autonomía (la corporal). El mantener esta política de la no educación sexual pareciera ser funcional a ir imponiéndoles a los adolescentes (que devendrán en adultos) el sexo con la única finalidad de la eterna reproducción de la fuerza de trabajo y no un lugar de goce, disfrute y conocimiento del y con el otro sin tener esa consecuencia.
Claro, la Iglesia, firme, todas las religiones que castigan el acto social del sexo como una forma de compartir el cuerpo, o de disfrutarse a uno mismo. Porque en este sistema en donde el individualismo y el sálvese-quien-pueda rige, los conservadores reaccionarios, siguen repudiando la masturbación. De últimas, parece que todo lo que sea venerar al cuerpo de forma autónoma, está mal. La moral se mete allí en donde no tendría que haber discernimiento de si es correcto o no, porque el cuerpo es lo único que puede ser de nuestra propiedad. Y eso es algo muy difícil de concebir ya que la cultura en la que vivimos, se esfuerza día a día para controlar nuestros cuerpos, adoctrinarlos, disciplinarlos y desposeernos de ellos. Del otro lado, a cambio de apropiarse de nuestros cuerpos (las contradicciones y sobredeterminaciones de las que Louise Althusser habla) nos “vende” como nuestros, los objetos, lo sin vida, lo inanimado.
Tal vez, la educación sexual para este sistema, sea el no educarnos. El mantener la idea de que lo sexual es algo privado y sólo de hombres y mujeres para reproducirse. Lo sexual (lejos de ser sólo el coito), es lo más político que puede haber, es en donde el poder subyace y en donde los géneros se substraen. Es lo indecible, lo irrepresentable, como la muerte misma, según Freud.
La despenalización del aborto y la ley de educación sexual son enormes monstruos para las esferas conservadoras y los monaguillos de este sistema. Si se avanza con la ley de educación sexual, las mujeres se evitarían el mínimo acto de pensar en un aborto y la estigmatización que practicárselo supone. Porque aunque estén en contra en primera instancias, cuando el hecho se consuma, a todas se les cruza por la cabeza. Tal vez en esa milésima de segundo, aún somos nuestro propio cuerpo.

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