jueves, 15 de julio de 2010

One love



Hoy es día de alegría.
Hoy se han derribado prejuicios que hasta el día de ayer, no se pensaban como prejuicios, sino como lo “natural”. No como una forma de ver y pensar la vida, el amor y la familia; sino una forma ontológica del ser, lo más intocable e incuestionado de nuestra historia como Humanidad: para que haya una familia tiene que haber algo que parezca hombre por su condición fisiológica y algo que parezca mujer por las mismas razones.
A partir del debate instalado con el Proyecto de ley de matrimonio entre personas del mismo sexo de la diputada Vilma Ibarra, muchas personas a quienes la homosexualidad le parecía una elección normal pero que aún así no lograba salir de algunos latiguillos del discurso que encasillan al género como un derivado de una cuestión biológica, comprendieron más allá de estos factores. Pudieron ver que mujer u hombre se hace, no se nace. Y por lo tanto, así también, los roles de madre y padre. Sin necesidad de ponerle la clasificación de masculino o femenino que el diccionario señala en las acepciones de sus palabras. Padre (masc.); madre (fem.). Mujer (fem); varón (masc.). A partir de esta ley podemos decir que se da otro paso hacia la verdadera democracia, el segundo en un año junto a la aprobación de la ley de medios. Esa democracia que no termina en andar diciendo lo que uno opina en cualquier contexto y a como dé lugar, ni en elegir a los dirigentes políticos. Sino la democracia que nos ampara e incluye a todos por igual en una Nación y no hace diferencias ni de status quo, ni de etnia, ni de raza, ni de religión, ni de elección sexual. De todas formas, una ley no es para nada el fin de la lucha. Quedó bien en claro que con la manifestación del 13 de julio de los sectores contra la igualdad y los derechos humanos - la Institución de la Iglesia Cristiana y los Evangélicos - que la lucha contra la discriminación y los valores retrógrados de los cuales se alimenta, es mucho más compleja y de largo plazo.
Cuando esos sectores se refieren a la familia como la institución primera y más elemental, en realidad se están refiriendo la familia que ellos consideran válida. Esa familia que es tanto una elección como elegir a una persona del mismo sexo para amar. Sobre todo, porque amar a alguien no es tanto una elección, sino una develación y una revelación que se sigue por una definición. Esa familia conformada por personas heterosexuales no garantiza ser una familia de amor, sino que ha probado que no queda excenta de ninguna de las perversiones en la que la homosexualidad no está incluida: maltrato psicológico, físico, violación, abusos o torturas.
Desde ya que ahora no puede dejarse de considerar poner en agenda el debate por la despenalización del aborto y así comenzar a posicionar a nuestros cuerpos propiamentedichos como seres sociales dentro de un Estado nacional y democrático.
Permítanme hablar en primera persona: Varias veces me he pronunciado contra el matrimonio porque lo consideraba exactamente lo que era hasta ahora: la consolidación y perpetuación de los valores más conservadores de aquéllos que defendieron la Inquisición, la Dictadura, el abuso de niños y justificaron enfermedades en las personas más necesitadas (las minorías que a veces no son tan minoría). Hoy puedo sentir que el matrimonio es la aceptación del Estado dentro de su casa, como Dios recibe a sus adeptos bajo sus condiciones matrimoniales. Hoy todos pueden contar con todos, porque este Estado se está haciendo cada vez más democrático.

jueves, 27 de mayo de 2010

El encuentro

El lenguaje es el hecho cultural por excelencia. Nuestros cuerpos se transforman en seres culturales en el mismo instante en que entramos a la red simbólica que envuelve nuestro mundo y, por ende nuestras vidas. Es imposible no pensar la cosas desde lo racional, desde una lógica, por lo menos en nuestra cada vez más obtusa cultura occidental.
Hay cientos de ejemplos que siguen esta explicación, pero el más claro es el de las preguntas. Ante algo que nos genera duda, incertidumbre o incomodidad generamos la interrogación, y “obviamente”, esperamos la respuesta. Exigimos una respuesta. Si no se nos es dada somos capaces de reclamar de infinitas formas, desde las más pasivas a las más violentas. Reclamamos nuestra interpelación. La pregunta sin ser respondida nos deja como espacios vacíos en este mundo, sin ser oídos, como si no valiésemos nada.

Jack y Kate, la pareja central de la serie.

A qué viene esta profunda reflexión. El final de Lost, como esperábamos (por lo menos los que quedamos contentos con este último episodio), dio lugar a la polémica. ¿Y por qué pasó esto? Luego de la introducción es predecible la respuesta. El cierre de la serie que más cambios generó en las formas de ver programas de televisión no contesta casi ninguna de las incógnitas que se fueron desarrollando a lo largo de las seis temporadas. Más que pensar sobre qué preguntas y qué respuestas (no) fueron dadas, habría qué pensar qué es lo que los autores quisieron crear y brindarle a un público que fue poniéndose cada vez más exigente cuando la serie empezó a perder un poco el rumbo después de sus excelentísimas primeras tres temporadas.
El último capítulo es un gran después, o en realidad, toda esa “realidad paralela” de la sexta temporada fue un gran después. El después de la vida. Lo que pasó con todos ellos después de muertos. Nunca sabremos qué fue de sus vidas luego de dejar la isla (la “realidad real”que se fue presentando en esta última temporada). Para los autores eso no importaba, ya que Lost fue una gran danza alrededor de la vida de su héroe: Jack Shephard, un hombre común con un gran espíritu de líder que estaba empecinado en que todo tiene una explicación y una solución, que él podía y DEBÍA arreglarlo todo. La isla logra cambiarle la vida. Tal vez todo lo que vimos fue una metáfora de su vida y él se imaginó la isla como una forma de poder salir de su gran depresión que tantas veces pasó a visitarlo en el transcurrir de las temporadas. Un héroe pero plagado de penas y sin glorias.
No vamos a olvidar a ninguno de estos grandes personajes, el genial Desmond, a la histérica y conflictuada Kate, al enigmático Locke, al tierno Charlie, Claire, Vincent (el perro que despierta a Jack en el primer episodio y que lo acompaña durante su agonía en el episodio final), la valiente Juliet, el seductor Sawyer o James, Sun, Jim, Hurlie y claro, Ben. Y la lista sigue, sigue y sigue. Lamentablemente la serie terminó, aunque nos duele ahora porque deja un vacío, el mayor vacío que puede dejársele a los seres humanos: la duda.


El primerísimo plano del ojo de Jack Shephard marcaba el principio y el fin de la serie de culto más masiva de la historia.

miércoles, 21 de abril de 2010

Personaje


So You Think You Can Dance, a pesar de la lógica de los reality shows, es un gran programa. A diferencia de su hermano American Idol, esta competencia de baile en busca del bailarín preferido por los yanquis (dicho con el acento británico de su super carismática y sencilla conductora, Cat Deeley “America's Favourite Dancer” suena mucho mejor) no aburre nunca. En American Idol, por más amor que se le tenga a los concursantes y a la música, en algún momento interpretan algo aburrido, algo lineal, sin sentimiento. No me pregunten por qué pero en SYTYCD, ésto no pasa nunca. Será que, aunque la voz sea parte del cuerpo, el despliegue en escena del baile y el hecho de que sea lenguaje sin sonido nos seduce más. O no sé.
El show parte de las audiciones por varias ciudades de Estados Unidos (en el caso de la versión original) que va haciendo la producción del programa de la mano del co-productor de American Idol, bailarín y coreógrafo británico Nigel Lythgoe. La primera etapa se basa en un solo del concursante (o de las parejas si es que son un dúo o pareja de bailes de salón). Si es evidente la capacidad de interpretación y técnica, pasa directamente a la segunda etapa en Las Vegas en donde realizará frente a los jueces tres estilos de baile distintos coreografeados por alguno de los grandes coreógrafos que trabajan para este programa (léase Wade Robson, Mia Michaels, Sonia Tayeh, Tyce Diorio). Los que pasan esa etapa, serán seleccionados para formar el top 20 que competirá en vivo durante 20 episodios aproximandamente por el premio mayor. Si en la primera etapa, el solo es bueno pero quedan dudas de algún aspecto de la performance (ya sea estilo, técnica o interpretación acotada), pasan a hacer una coreografía cortita por la que pueden seguir hacia la 2ª etapa en las Vegas. Si no pasan la primera etapa, taza, taza.
Explicado esto, recomiendo altamente ver el show por lo que se puede aprender sobre baile, por la pasión de sus competirdores, pero sobre todo de los coreógrafos y de los jueces (grandes productores, coreógrafos o bailarines). Y aquí me freno, todos son queribles, pero hay un personaje en especial que se roba el show. Mary Murphy es quien aompaña a Lythgoe en todas las etapas. Es jueza permanente con Nigel, mientras los demás van turnándose. Mary es una balarina profesional y coreógrafa del mundo del ball room. Ese es el nombre que agrupa a todos los estilos que nosotros denominados bailes de salón: cha cha, samba, rumba, salsa, tango, foxtrot, paso doble, jive, vals; etc. Mary llena de gritos, carisma, emociones, sensaciones y apoyo incondicional a quienes ella cree que pueden hacerlo. Se emociona hasta las lágrimas sin contenerse y hasta grita (como todo el tiempo durante todos los episodios) a los cuatro vientos que se retocó con botox con una espontaneidad única, a tal punto que ni bien termina de decir la frase no sabe en dónde meterse.
Cada vez que una rutina la deja atónita, los alaridos que pega directamente en la oreja de Nigel ponen una sonrisa en la cara de cualquiera, no se sonroja en coquetear con ninguno de los concursantes, es un personaje en sí mismo.
Así que aquí los dejo con las reacciones de este ser completamente espontáneo en un mundo tan plástico, al que hasta ella misma reconoce pertenecer. Eso sí, te lo dice en la cara.

Vean toda esta samba que valió uno de los gritos más sacados de todas las temporadas de parte de Mary. Véanlo entero (click aquí)

Por esta declaración la amaré de por vida (click aquí)

lunes, 15 de febrero de 2010

Ser voz y cuerpo



La fuerza, la elegancia, la energía, el carisma y el talento no podían encontrar cuerpo más hermoso para depositarse que el de Beyoncé Giselle Knowles. El pasado 12 de febrero deslumbró con su show en el hipódromo de San Isidro. Cumplió con todos sus hits, encantó con su voz impecable mientras se movía con el impulso de sus seiscientos caballos de fuerza. La misma hipnosis que genera mirarla, se da al escucharla, porque la voz es parte del cuerpo.
Una diosa, pero humana, real, creíble. No necesitó de mucho despliegue en su show más que coreografías a tono con cada canción, un séquito de bailarines que la siguen, una banda íntegramente compuesta por mujeres que potencian su encanto arriba del escenario (y abajo porque en varias ocasiones bajó del escenario para acercarse a la gente) y ser Beyoncé. Eso es lo que toma.

jueves, 21 de enero de 2010

Master, pasate "one" de Metallica

En 1939, Dalton Trumbo, escribía la novela antibelicista “Johnny Got His Gun”. Él mismo se encargó de la transposición cinematográfica del año 1971. Johnny fue a la guerra explica la historia real de Joe Bonham, un soldado de la Primera Guerra Mundial horriblemente mutilado en el frente. Joe está vivo, pero es sólo un torso sin rostro. En una serie de flashbacks, el autor nos obliga a comparar la vitalidad de una vida normal y corriente con el horror de la guerra y la muerte en vida del protagonista. Allí se plantea la cuestión del cuerpo envase, o más precisamente, aplicado a este caso, el cuerpo como una prisión, como una traba que sentencia a vivir a un alma, a un ser que deambula, agonizando por su desesperación en ese tormento corporal, o sea, en Joe. La dualidad cuerpo/mente es muy bien planteada por esta historia. ¿Joe vive si no puede oír, caminar, abrazar, ver, hablar? ¿Está vivo Joe? ¿Es una realidad?
Estas preguntas son retomadas por el tema One de una de las más grandes bandas del heavy metal de la historia, Metallica. "One" es la cuarta canción y segundo sencillo del álbum ...And Justice For All del año 1988. Para ese entonces, la banda contaba con el que fue su bajista durante 11 años, Jason Newsted, luego de la trágica muerte del anterior, Cliff Burton.
La canción es perfecta desde su excelente composición musical, como en la letra, que recorre el relato interno que va haciendo este personaje sobre su irrversible situación. James Hetfield y Lars Ulrich compusieron el tema haciendo hincapié en la idea de que el protagonista no puede detectar si es un sueño o no. Con el pasar de su relato, en el que le ruega a Dios que lo despierte, termina por pedir que lo maten para acabar con su agonía.
El nombre del tema se refiere a una de las frases de la canción: Now the world is gone i'm just one (en castellano, Ahora el mundo ha desaparecido, sólo soy uno). Ahí se puede pensar en la relación con el mundo como lo que define al ser humano. El ser sólo uno, lo desespera. Su cuerpo es su infierno, porque allí sólo es él. Se siente hasta desaparecer y disolverse en la oscuridad:
Darkness imprisoning me (Oscuridad que me aprisiona)
All that i see (todo lo que veo)
Absolute horror (horror absoluto)
I cannot live (no puedo vivir)
I cannot die (ni morir)
Trapped in myself (atrapado en mí)
Body my holding cell (Cuerpo, mi celda).
Sin dudas una de las mejores creaciones, no sólo de la banda o del Metal, sino de la música y de la prosa. Con excelentes arreglos y uno de los solos de guitarra más veloces de la historia de la mano de Kirk Hamett.
Les ruego que se tomen unos minutos para ver esta obra de arte. Los dejo con el video que resume todo lo aquí analizado y de paso escuchan este temazo. Presten atención a la letra y a los diálogos de la película.

One - Metallica (1988)

jueves, 7 de enero de 2010

Cuerpos de alguien




Pocas cosas son más importantes para el Capitalismo que la reproducción de los cuerpos. No sólo “metafóricamente” hablando (por ejemplo, generar estereotipos para propiciar el consumismo) sino la reproducción literal, que haya niños, niñas y niñxs por doquier, garantizando la reproducción de la fuerza de trabajo.
Podemos pensar que, o los adolescentes son los mejores discípulos de esta premisa capitalista, o simplemente su ignorancia es lo mejor que le pudo haber pasado a nuestro tan gastado, pero cada vez más fuerte, sistemita... Un estudio reciente indica que el 80% de los chic@s en su iniciación sexual no usa métodos de anticoncepción, y menos el preservativo, el más seguro por evitar el contagio de cualquier honguito hasta las enfermedades más graves de transmisión sexual.
La ley de educación sexual fue sancionada en 2006 y aunque hubo grandes avances en la dicción de estas clases, no es suficiente aparentemente para llegar a los jóvenes (y no tan jóvenes) que aún parecieran no conocer los riesgos físicos (de – la mal definida- salud física, tomando lo físico de la mano de lo psíquico porque el marco teórico que seguimos los reconoce como un todo). Todo lo que marca nuestro cuerpo, está marcando en ese mismo acto, nuestra mente, pues son uno.
Volviendo a la teoría de que el capitalismo es el sistema más fuerte de todos ya que sus crisis lo reformulan y parece nunca acabar, creo que tal vez, esta crisis social de instrucción sexual es la mejor forma del capitalismo para mantener marginados y excluidos a los jóvenes de su (verdadera) autonomía (la corporal). El mantener esta política de la no educación sexual pareciera ser funcional a ir imponiéndoles a los adolescentes (que devendrán en adultos) el sexo con la única finalidad de la eterna reproducción de la fuerza de trabajo y no un lugar de goce, disfrute y conocimiento del y con el otro sin tener esa consecuencia.
Claro, la Iglesia, firme, todas las religiones que castigan el acto social del sexo como una forma de compartir el cuerpo, o de disfrutarse a uno mismo. Porque en este sistema en donde el individualismo y el sálvese-quien-pueda rige, los conservadores reaccionarios, siguen repudiando la masturbación. De últimas, parece que todo lo que sea venerar al cuerpo de forma autónoma, está mal. La moral se mete allí en donde no tendría que haber discernimiento de si es correcto o no, porque el cuerpo es lo único que puede ser de nuestra propiedad. Y eso es algo muy difícil de concebir ya que la cultura en la que vivimos, se esfuerza día a día para controlar nuestros cuerpos, adoctrinarlos, disciplinarlos y desposeernos de ellos. Del otro lado, a cambio de apropiarse de nuestros cuerpos (las contradicciones y sobredeterminaciones de las que Louise Althusser habla) nos “vende” como nuestros, los objetos, lo sin vida, lo inanimado.
Tal vez, la educación sexual para este sistema, sea el no educarnos. El mantener la idea de que lo sexual es algo privado y sólo de hombres y mujeres para reproducirse. Lo sexual (lejos de ser sólo el coito), es lo más político que puede haber, es en donde el poder subyace y en donde los géneros se substraen. Es lo indecible, lo irrepresentable, como la muerte misma, según Freud.
La despenalización del aborto y la ley de educación sexual son enormes monstruos para las esferas conservadoras y los monaguillos de este sistema. Si se avanza con la ley de educación sexual, las mujeres se evitarían el mínimo acto de pensar en un aborto y la estigmatización que practicárselo supone. Porque aunque estén en contra en primera instancias, cuando el hecho se consuma, a todas se les cruza por la cabeza. Tal vez en esa milésima de segundo, aún somos nuestro propio cuerpo.

martes, 15 de diciembre de 2009

Recuento

Fin de año. La gran mayoría de los argentinos estamos agotados. No sé si es sugestión de que ya se termina el 2009 y empezamos a aflojar o realmente la nafta se termina durante los primeros días de diciembre. Porque en definitiva, ¿cómo se entera nuestro cuerpo de que se termina el año? Qué diferencia hay para nosotros si es marzo o septiembre. Puede ser el hecho de irse de vacaciones, ese corte que a algunos tan bien nos viene, y sin embargo otros lo saltean. Año durísimo a nivel económico, político y social. Con muchas movilizaciones que fueron primas de la movilización política que supuso el año pasado el conflicto entre el grupo “dueño del campo” (como me gusta llamarlo) y el gobierno y todos aquello que consideramos injusta la distribución de la riqueza en la Argentina. Aliados o no del gobierno o de la forma en que se sucedieron los hechos, muchos de nosotros sabemos que era un primer paso para desestructurar una de las bases más solidas de acumulación injusta de capital (aunque considero que siempre que hablamos de acumulación de Kapital es injusto).
Entonces en dónde nos encontramos: a dos años de la asunción de los gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner en la Nación y de Mauricio Macri en la ciudad. Esta vez, no quiero hablar de hechos porque para eso hay muy buenos programas que se encargan de desplegar el arsenal crónico y sintético de qué fue sucediendo estos dos años. Quiero hablar de las sensaciones que me han dejado. Quiero hablar en primera persona.
Empecemos por el gobierno de la ciudad. El gobierno de Mauricio Macri se ha caracterizado desde el primer día por tratar de mostrar que hace. Recuerdo cuando salió con lo de Haciendo Buenos Aires y su gran H. Lo primerísimo que pensé es: "la h siempre está, pero es muda". y es exactamente lo que la gestión de Macri hace: mostrarse pero no lograr nada más que destruir calles. En la ciudad de Buenos Aires (tal vez en todas la grandes ciudades) esto es muy fácil: obra pública visible, hacer ruido. Mucho ruido.... y claro, en este caso, pocas nueces. Seguramente haya algún programa del Gobierno de la Ciudad que algo bueno haga, pero no es un plan Universal ni que se implemente a largo plazo, fuera de este Gobierno como podría haber sido la ley de casamiento entre personas del mismo sexo. Ese mínimo gran paso que podría haber dado, no lo dio y que yo me haya enterado, la Ciudad no votó ninguna ley realmente progresista en todo el Gobierno de Mauricio Macri, cuyo partido tiene la mayoría en la legislatura porteña. Discúlpenme, pero no logro comprender como un Jefe de Gobierno puede ser tan ignorante y falto de sentido político y jurídico como Mauricio Macri, quien defiende a un represor como el “Fino” Palacios porque a él le parece que es inocente cuando ya fue juzgado. Y no sigamos nombrando a quienes designa como autoridades. Desde ya que todos los programas sociales de la Ciudad han sido clausurados o recortados sus presupuestos a la nada.
En Nación hay muchísimas cosas que no comparto, sobre todo el aparato PJ y las formas de hacer política que aún me hacen recordar a modus operandi mafiosos. A veces me da la sensación de que si tuviese alguien con un grado de conciencia de lo que realmente viven los argentinos en sus distintas clases sociales, o la Presidenta misma bajara un poco podría tomar pequeñas decisiones que levantaría mucho su popularidad, sobre todo en la clase media gata florense. A pesar de eso, es la primera vez que veo que un Gobierno lanza planes Universales que superan a su gestión con muchísimo ímpetu y convicción. Si despenalizaran el aborto creo que realmente me comprarían. Siento que es la primera vez que un gobierno está gestionando para el pueblo. Con miles de fallas y críticas que se les puede hacer, pero el eje del gobierno es el pueblo, y eso, en este momento, es mucho más positivo que cualquier acción negativa que ha hecho este mismo.

Soy muy crítica del gobierno de Cristina Fernández, y no lo creo para nada referente de lo que yo aspiro a admirar. Me inspira admiración como oradora y como gobernante en algunas cuestiones, pero no comparto todo como lo hago con, por ejemplo Martín Sabbatela, pero viendo quiénes son los opositores, prefiero hacerlo del lado que aquí planteo. Con distancia pero sin denostarlo, porque ya es un hecho que la democracia representativa representa no a la mayoría, sino a los sectores de mayor poder dejando afuera a lo que realmente es mayoría y desde ya a los grupos minoritarios, que no son tan menores, pero que es mejor catalogarlos como tales para que no llamen la atención. Quiero un gobierno que vele por las mujeres, los chicos, los animales y la naturaleza, los homosexuales, los bisexuales, el género trans, los más marginados y que logre articular a todos aquellos que se consideran “derechos y normales” con esa realidad. Ese para mí va a ser el mejor gobierno.